Curaçao, una isla caribeña diferente a las demás

Al poco rato de aterrizar en Villemstad, la capital de la isla de Curaçao, tuve una alucinante visión. En el malecón Handelskade observé una abigarrada fila de coquetos edificios pintados, cada uno, de diferentes y chillones colores, como si se tratase del paisaje de un cuento infantil. Me faltó tiempo para preguntarle a un viejo curazuleño el por qué de tanto colorido. Según me contó, un gobernador del siglo XVIII sufría dolor de cabeza debido a los rayos de sol que se reflejaban en las paredes de los edificios pintados de blanco. Él promulgó un decreto por el que ordenó que todas esas casas fueran pintadas de color. Las malas lenguas dicen que él era el mayor accionista de la única fábrica de pinturas de la isla…


Publicado

en

,

por

Etiquetas:

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *